Todos estaremos de acuerdo que en el Madrid y en la selección española ya existe un Santo, aunque muchos estén intentando defenestrarlo al banquillo o quién sabe si terminar son su carrera deportiva.
Ese no es otro que Iker Casillas. Pero de lo que no se da cuenta la mayoría de la gente, es de que ha llegado otro Santo al Madrid tan importante o más que el propio capitán del conjunto blanco.
Parecía que nadie le iba a echar de menos tras su lesión, máxime con los fichajes que realizó el equipo de Ancheloti en el verano ( Isco, Illarramendi, Bale) y que predecían un nuevo Madrid con más juego y calidad en el centro del campo y con dos puñales en las bandas que le harían prácticamente invencible. El problema es que al fútbol se juega con velocidad y calidad, sí, pero también con orden táctico y con sacrificio, y en esa faceta nadie supera a Xabi Alonso. El tolosarra, revolucionó y estabilizó un equipo que en la primera fase de la liga iba a la deriva, con un entrenador que no sabía a lo que jugaba y lo que es peor, no conseguía implantar el sistema que le había acompañado durante toda su trayectoria como técnico, el famoso "árbol de navidad".
Hasta que llego Xabi para imponer su jerarquía, su forma tan particular de ver el fútbol y para estructurar un equipo que por momentos parecían de más aficionados que profesionales.
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